TORPEZAS




TORPEZAS

Siempre te han dicho que no te metas con el “chico malo”, pero es inevitable. Conoces al tipo, te mira de esa forma tan hipnotizante que no puedes bajar la mirada, incluso te tiemblan las piernas. Te puede tener de rodillas en cinco minutos o menos, porque después de esa mirada, él se acerca, tu intentas permanecer cuerda, te dice “hola” y tu le contestas con una sonrisa de boba. Y como en las películas, después de unas cuantas copas, están en una pieza besándose apasionadamente.
Al día siguiente, no sabes si arrepentirte o sentirte satisfecha, porque estuviste con un tipo super sexy, y eso no ocurre todos los días.
Qué pasa cuando el plan del “chico malo” no funciona? Siempre me pregunté eso. Qué pasa cuando esa mujer que se quiere comer, no cae en su hipnosis, y porqué no funciona? A veces las más puritanas, las más tímidas, las más interesadas en una relación seria y duradera, caen. Incluso las que tienen novio, prometido o esposo, caen.
En un bar una noche, descubrí qué tenía o que me faltaba a mí, que al resto de mujeres que había pasado por la cama de ese tipo no les faltaba, ganas de una aventura. Simplemente no quería estar con un hombre por una noche, no quería un encuentro sexual vacío. Y esa cualidad de la que carezco, me permitió estar tranquila hoy que terminé con mi novio.
Con mi novio de 5 años. No era exactamente depresión, estaba como en una nube, consciente y al mismo tiempo abstraída de mi realidad, no quería pensar, no quería tomar alcohol, no quería hablar del tema, pero mis amigas me arrastraron a un bar.
Por qué la gente cree que el alcohol es la solución a todos los problemas? No solo me siento mal mientras tomo, me siento peor al día siguiente, el sentimiento de tristeza sigue ahí a la mañana siguiente, más el dolor de cabeza y las náuseas. Beber no es, en lo absoluto, inteligente.
Me apetecía más caminar, o correr. Caminar hasta cansarme, ver gente hasta hastiarme, saber que la vida sigue, que el mundo sigue su curso mientras yo y otras tantas miles o millones de mujeres en el mundo pasan lo mismo que yo, y que siempre lo superamos (al menos la mayoría).
Siquiera me hubiesen dado chocolate o helado. El chocolate me hace sentir bien, en cualquier momento, pase lo que pase. Pero no alcohol en un bar... Dos horas después de llegar me encuentro sola, en la mesa, ellas bailando con tipos que acaban de conocer, y pretenden que yo me consiga uno también.
Otra cosa, eso de “un clavo saca otro clavo” nunca funciona. A veces, te hace sentir peor. Sobre todo si tu ex, recapacita al día siguiente. Y lo peor es que hay más probabilidades que una mujer perdone a un hombre al tener sexo con otra, en menos de 24 horas después de haber terminado, mientras que con un hombre no hay muchas posibilidades que perdone a una mujer que haga esto mismo. Los hombres son injustos.
Ahora que lo pienso, creo en segundas oportunidades? Si mi ex me llamara en este momento a decirme que volvamos, lo haría? Al fin de cuentas, no es cuestión de perdonarnos nada, veníamos de discusión en discusión desde hace como un año, por bobadas. Llegadas tarde, olvidar eventos más o menos importantes, no estar pendientes el uno del otro. La relación se volvió una tortura. Estábamos pensando irnos a vivir juntos y al final, dijimos que era mejor dejar las cosas así.
Tal vez por eso no estoy llorando a mares. En el fondo sé que debimos haber terminado hace tiempo, sobre todo cuando empecé a ponerme paranoica. Nunca me había importado con quien hablaba o con quien salía, hace unos 6 meses empecé a revisarle el celular, el computador, cualquier indicio de que estuviera saliendo con otra. Por suerte no encontré nada. Se podría decir que las cosas terminaron bien, creo que en un par de meses podríamos volver a hablar sin problemas, más que nada porque tenemos algunos amigos en común.
De pronto caigo otra vez a la realidad, estoy en el bar, la música suena estrepitosa. Una de mis amigas me mueve el hombro, y me dice que un tipo en la barra me está mirando. “Ve y habla con él”, me dice con la emoción de la que carezco esta noche. Me levanto, y ella se emociona aún más, creyendo que le voy a hacer caso. “Me voy a mi casa”. No lo soporto más, cualquier otro día me habría hecho al ambiente, habría tomado un par de cócteles y habría bailado con el primero que me hubiese invitado, pero hoy no estaba de humor.
Vuelvo a sentir que me tocan el hombro, esta vez suavemente, pero sentí que la mano pesaba. Mi amiga pasa de tener una cara de “pudrete no te vuelvo a sacar” a la cara de emoción que tenía antes de decir que me iba. “Hola” Una voz masculina, agradable, un poco sedante incluso. Me volteo y es el mismo que estaba en la barra, mirándome unos minutos antes.
Mi amiga se levantó y me guiño el ojo sonriente, yo quería irme, y eso hice: “hola y adios”. Si, lo admito, fui de lo más agria y cualquier mujer me habría dicho que era una estúpida al dejar a la representación física de Christian Gray. Que con la oscuridad que hay, solo puedo decir que es alto, fornido, se nota que va al gym y además va vestido casual, como un ejecutivo que sale de la oficina y se quita saco y corbata, para tomarse un trago en su bar favorito.
Me detiene al ponerse frente a mi, sus expresión indica que le gusta lo que acaba de pasar, supongo que no le pasa seguido que una mujer lo rechace y menos de esa manera. “Disculpa, solo quería saber tu nombre y tal vez invitarte algo de tomar. Me conformo con lo primero, si no te molesto”. Me molesta, de hecho, pero no puedo ser tan odiosa con una persona a la que no conozco y no sabe lo que estoy sintiendo y lo que ha pasado en mi día y en mi vida. Siento un nudo en la boca, queriendo gritar que me dejen tranquila. Trato de tragarmelo para poder decir al menos mi nombre, y no ser más descortés de lo que ya había sido. Tomo aire, y contesto: “Aneliz, mucho gusto, disculpa mi comportamiento de hace un momento”, y suelto el aire.
“No hay problema, se nota que hoy no es tu día, Aneliz. Yo me llamo Alonso”, el sonríe y yo fuerzo un poco mi sonrisa también. “Que tal si, mejor te invito un café mañana, y empezamos de nuevo?” Esa idea me sonaba más, nunca he sido de bares, una charla relajada en un café, a la luz del día. Me relajé un poco más. A pesar de su apariencia de conquistador que tanto me desagrada, no parece un mal tipo. “Bien, te parece Café Frick, que queda a pocas cuadras de aquí?” Él sonríe aún más, dejando ver sus dientes. “Bien, nos vemos ahí a las 10:00 de la mañana”, “Perfecto” le contesto. Me despido de él, da media vuelta, yo miro donde mis amigas y les digo adiós con la mano. Una me hace señas, queriendo saber cómo me había ido con el de la barra. Le hago una seña indicando que después le cuento.
Primera noche que llego a mi apartamento sabiendo que ya no estoy con él, que no va a llegar a dormir conmigo, como lo hacía casi siempre. Por suerte no nos mudamos juntos, habría sido un problema mayor. Uno de los dos no tendría a donde irse, lo más probable es que él se habría ido.
Pongo mi cabeza en la almohada, no me molesta estar sola, lo cierto es que hay momentos en que me agrada, pero cuando pasas tanto tiempo sintiendo cosas agradables por alguien, cuando ya no está, sientes un vacío. Me volteo de medio lado, cierro los ojos, intento no pensar.
UNA CHARLA EN UN CAFÉ
Me levanté a las 8:00 am, no recuerdo cuándo me quedé dormida, supongo que desde que cerré de los ojos. Cierto, terminé con Santiago, pienso. Salí a un bar y un tipo muy sexy me invitó a salir. Será que voy? Qué pasaría si me quedo el resto del día en la cama? No tiene sentido hacerlo, mejor me pongo a escribir o salgo a caminar. El del bar no parece mala persona, no debería hacerle ese desplante, a veces creo que hay dos personas en mi cabeza, una que no quiere hacer nada y ser grosera y antisocial, y la otra quiere ser linda con todo el mundo.
Si no voy, tal vez sería una razón más para él seguir acostándose con cuanta mujer que se le pase por el frente y no tomar en consideración sus sentimientos; por otro lado me parece ridículo que a una mujer se le pase por la mente que después de una noche de sexo con un hombre al que acabas de conocer, haya probabilidades de una relación seria y a largo plazo. No creo que sea imposible, pero las probabilidades son bajas.
Después de todo, es como un negocio donde manifiestas tu voluntad de forma tácita, Ambas partes saben que la idea es solo sexo, sin sentimientos, satisfacer las ganas, el placer. Después de eso, cada uno se va por su lado y si te vi, no me acuerdo. Los hombres usualmente se encargan de recordarle eso a la mujer de turno. Y tengo un par de amigas que de vez en cuando se encuentran con un hombre sensible que se le olvida este principio del sexo casual.  
Aún no sé cómo lo hacen. Abrirse de esa forma a otra persona, de forma tan íntima, a un total desconocido. A veces sin saber siquiera su nombre, porque si hay suerte, no lo volverás a ver. Que me llamen puritana, pero no puedo hacerlo. Una vez, lo intenté, una vez antes de Santiago, en la universidad, en un remate de semestre. Había gente de todas las carreras, con unos cuantos tragos encima, nos fuimos a un cuarto de la casa donde estábamos. Mientras lo besaba, iba cayendo cada vez más en cuenta que no me sentía cómoda, que no quería desnudarme frente a un extraño, por el que solo me sentía atraída físicamente. Cuando nos acostamos y él me fue a bajar los jeans, me paré y me fui. No sé cómo, me puse la camiseta que llevaba, y salí.
Años después me encontré otra vez con él, nos reconocimos enseguida, me invitó un café. Cuando ya estábamos sentados, me soltó la pregunta: “Y por qué te fuiste?” Lo miré intentando saber el porqué de su interés. Le dije: “Porque me dí cuenta que no me sentía bien acostándome con un hombre que no conocía. Aún pienso lo mismo.” Con cara de lo siento pero así soy. Me dijo que no había problema, qué él por otro lado, no era la primera vez que me veía y que en ese momento habría considerado detenerse si yo le hubiese dicho que lo hiciera. Que eso le habría encantado, porque además, se le había cruzado por la mente que fuéramos novios.
Pensé “qué idiota!”, le dije: “eso pasa cuando eres inexperta en hombres y en sexo”, él se rió y me dijo que solo era una pregunta que quería resolver. Después de eso, me dijo que tenía novia. Yo le dije que también tenía novio, fue una conversación normal. No nos hemos vuelto a encontrar.

Iré a mi reunión con el del bar, y le diré la verdad. Veré si solo quiere sexo, que debe ser el caso. En principio, no me habría invitado un café, si no quisiera volverme a ver. A menos que sea una trampa. En fin, me levantaré.
Como se llamaba? Estaba tratando de recordar, mientras me arreglaba y comía algo de desayuno. Revisé mis correos y mensajes, habían varios de mis amigas, de anoche y esta mañana. La mayoría decían, “cómo es posible que no te fueras con semejante papacito”, otra me dijo que él se había ido como cinco minutos después de mi, y la imperdonable pregunta “¿qué había hablado con él?”. Como teníamos un grupo en whatsapp, les mandé una nota de voz diciendo los pormenores de mi conversación con el sexy del bar. Los comentarios no se hicieron esperar. “Espero que te animes a ir”, “no lo vayas a dejar plantado”, “nos cuentas como te fue”.
En mi cuenta de email encontré un correo de mi ex:
Ani, Hola. Quería saber cómo estabas. Me moría por escribirte anoche, y saber si aún sigues pensando que lo nuestro se acabó.
En fin, quería hablar contigo, ya con más calma.
Llámame.
Santiago.
¿Que si sigo pensando en que se acabó lo nuestro?, a veces me pregunto si el problema es mio, o es que ya no siento nada de lo que sentía al principio, cuando comenzamos. No es que no lo quiera, pero me pregunto qué pasaría si volvemos, seguiremos con las peleas, sería bueno mudarnos juntos, comenzar otra vez? En todo caso, qué siento, lo extrañé anoche, pero fue más una cuestión de costumbre, verlo todos los días, pero hace mucho que ya no nos preocupamos el uno por el otro, ya no me apetece llamalo a contarle cómo me fue en el día, llegó el punto en que no me apetecía verlo siquiera.

El amor, o al menos lo que definimos como amor, son ese conjunto de sentimientos que nos hacen querer estar al lado de esa persona, no por necesidad o costumbre, sino porque es, tal vez, la única persona en el mundo que aguanta todo lo malo que eres y te ama por eso. Porque te escucha, porque quieres contarle todo, porque quieres abrazarlo y besarlo, saber que está bien, que es feliz, que te trata como si fueras una reina o una diosa. Es la persona que quieres ver al llegar a casa, la última a la que quieres ver cuando te vas a dormir y la primera cuando te despiertas. Te gusta escuchar su voz cuando estás en dificultades, un abrazo en un día largo y problemático. Y cuando se llega a un punto en la vida en que ya no hay sexo, eso es lo que queda, una persona en la que confías, quieres y con la que te sientes cómoda. Es posible que así se describa el amor, o al menos mi concepto de amor.  
Así que, ya no siento que esto me pase con Santiago. Igual debería llamarlo. ¡Cómo se llamaba el del bar! Llegaré y no recordaré cómo se llama, en cambio él, seguramente, recordará mi nombre. Odio eso! Odio el desinterés de algunas personas por el nombre de los demás. En algunas culturas, presentarte a otra persona es un honor, y el no decir tu nombre se considera una falta de respeto.
Recuerdo que me pareció bonito el nombre, con carácter. A… comenzaba con A. Dios! 9:10 am, me voy. Estoy un poco lejos, y no quiero llegar tarde. Me llevaré un libro para leer, mientras espero. Además, así sabrá el tipo de mujer que soy y tal vez se desanime de tener sexo conmigo. Por experiencia, una mujer intelectual y medio nerd los desanima del sexo casual, fuck body, y cosas así.
Me subo al carro, me vienen a la mente ciertas preguntas: si anoche hubiese estado de ese ánimo, A… hubiese intentado algo conmigo? Por qué invitarme a tomar un café, si lo que quiere es sexo. Habían muchas mujeres bonitas en ese bar, y solas. Me fijé en varias mientras me dejaba llevar por mis devaneos mentales. Qué pretende este tipo? Tendré algo especial? Por qué yo? Me rio de mi misma, tienes cinco años de noviazgo y vuelves a caer en el mismo problema: no sabes controlar tu dramatismo. Deja de pensar, y veamos cómo se desarrollan las cosas.
Llego en veinte minutos a Café Frick, pensé que me demoraría más. En todo caso, es a buen tiempo, media hora antes. Entro en el lugar, es uno de mis cafés favoritos, buen ambiente, con sofás y sillones cómodos, se puede estar solo o acompañado, lámparas para leer en la noche. De día se aprecian los tonos cremas, parece un salón victoriano, muebles estilo Luis XVI, techos altos, cenefas en las molduras. Fuera los pisos son empedrados y las mesas de madera con sombrillas, dan la sensación de un café al aire libre en Roma, u otra ciudad europea.
A… ya está ahí, Alonso! Ese es el nombre, cierto? Bueno, al menos si me equivoco que me corrija, puede ser Alfonso, pero no es muy distinto. Está en un sillón cerca a una ventana de enfrente, me dirijo hacia él. Se levanta, y me estampa un beso en la mejilla, diciendo mi nombre. “Aneliz”, casi en un susurro, que me erizó la piel. Recordé esa película “The wedding date”, la voz de Alonso se parece a la de Dermot Mulroney, una voz suave, sedante, un poco ronca y profunda. Viste traje negro, camisa verde oscuro y corbata verde más clara que la camisa, casi del color del pasto. Piel canela, quien lo diría, no noté eso con la poca luz del bar. Ojos cafés, pícaros de hecho, me miraban con cierta diversión y expectación. De verdad me daba mucha curiosidad este hombre.
“Alonso cierto?” trato de estar tranquila, me da la impresión de estar gritando. Antes que me conteste lo digo en voz alta: “Estoy gritando?”. Se ríe, bueno, si ya parecía un bicho raro desde lo que hice anoche, ahora lo confirmó. Mi expresión es de “ya metí la pata” y me resigno a ello, y él sigue riendo. “Si, Alonso Fernández, y no estas gritando. Eres muy chistosa”. Ahora soy chistosa. Esto pasa cuando las pocas citas que has tenido, las has tenido con el que alguna vez fue un buen amigo. “No me lo dicen seguido, pero seguro que lo piensan, a veces soy torpe social”. “Torpe social?” Dice ya calmando la risa. Nos sentamos. “Si, suelo decir y hacer cosas que resultan bobas, comentarios fuera de lugar, decir pensamientos en voz alta, como el que acabo de decir”. “No es tan malo, te pone en una situación rara, pero es como decir un chiste antes de empezar un discurso, relaja a la audiencia”. “Gracias por ponerlo de esa manera”.
“Y ya que estamos diciendo lo que pensamos, porqué estabas tan pensativa y tan agria anoche”. Me tomó desprevenida, quien iba a pensar que quería saber mi situación de anoche, un tipo que acabo de conocer. Suspiro, dudo un poco, pero ya lo había decidido. No pensé que sería tan pronto. “Terminé con mi novio después de 5 años de relación, ha sido también mi amigo por mucho tiempo, y me duele todo lo que está pasando pero no quiero seguir con una relación que nos podría enemistar para siempre, y  es por eso que no tenía ganas de nada anoche, por eso te contesté así, y sé que no debí hacerlo. Pero, solo quería llegar a mi casa”.
“En qué te fuiste a tu casa anoche?” Me quedé de piedra por un momento, a él qué le importaba? “Caminé un poco y luego tomé un taxi, por qué?”, “siempre arriesgas tu vida de esa manera?” Ya perecía que me estuviese entrevistando mi consciencia o mi ángel de la guarda, mi mamá ya me habría gritado, lo sé. Suelto un resoplido, de rendición en parte. “Creo que sí, mi mamá y mi papá me pegarían aún a esta edad, por lo descuidada que soy”. Me recuesto en el sillón. Él analiza mi respuesta, yo lo analizo a él. Qué pretende? Me siguió anoche?
“No era mi intención seguirte anoche, pero resulta que iba en mi carro, y te vi caminar varias cuadras desde que saliste del bar, luego tomaste un taxi, y me fui. Por qué lo hiciste?”. “Me gusta caminar, para pensar, despejar la mente, relajarme. A veces no lo hago en las horas apropiadas. A veces ni siquiera lo pienso.”
Nos quedamos viéndonos unos segundos, no era incómodo, pero nos analizábamos mutuamente. “Qué haces tú para despejar la mente?” le dije, tratando de desviar la conversación. “Nadar, por suerte, no representa un grave peligro”. No funcionó el intento. “Lo del chiste inicial no funcionó muy bien, no vine para que me dieran un sermón de qué debo o no debo hacer. Solo que de vez cuando, prefiero sacrificar mi seguridad para dormir mejor. Esa zona no es particularmente peligrosa, aunque sí reconozco que pudieron haberme robado e incluso violado o matado. Pero no pasó. Si te sirve de algo, prometo no volverlo hacer, aunque no creo que estés ahí para comprobarlo”. Me levanto de la silla y extiendo mi mano. “Mucho gusto en conocerlo Alonso, pero ya me sacó el mal genio, y para no ponerme peor, mejor me voy”.
“Le molesta que me preocupe por usted?” Él sentado en su silla, yo de pié, bajo mi mano. “Nos conocimos hace menos de 24 horas, a duras penas hemos hablado y he sido lo más seca que he podido para que se aleje de mí, por qué se preocupa por mí?” Suspira, me mira, “No te vayas, siéntate”, me mira como si pidiera disculpas, y a la vez de forma severa, como si quisiera ordenarme algo. Yo dudo en quedarme, cierro los ojos, tratando de volver a mi usual estado de calma. “Por favor?” Abro los ojos y lo miro, su mirada es la misma un poco más suplicante. Suspiro y me siento, me acomodo en el sillón, y me viene a la mente la pregunta “para qué vine?”. “Sé que no es de mi incumbencia, no sé por qué me preocupó tanto tu decisión de caminar anoche a la una de la madrugada por la calle, solo pasó”. Apoyo mi cabeza en mi mano y el codo sobre mi otra mano, sigo pensando en que acabo de conocerlo, su preocupación parece genuina, pero todo este dramatismo viniendo de un tipo sexy, me perturba. Su última confesión parece una disculpa.
“Eso parece una disculpa, si eso es, la tomo.” Él apoya su brazo en el de la silla y su cabeza reposa en su puño. Tiene un gesto relajado, con una casi sonrisa en su boca. “Ahora sabes lo que más o menos ha pasado con mi vida en las últimas 36 horas. Quiero saber algo de la tuya.” Alonso pone cara de curiosidad. “Por qué una historia? No quieres saber en qué trabajo, dónde estudié?” “Esas cosas, en realidad, no me dicen mucho, en cambio un suceso de tu vida, tal vez significativo, me cuenta más sobre cómo eres, quién eres en realidad”.
Una media sonrisa se forma en su boca, y me pregunta si quiero ordenar algo. Pido un  café mocca, él un expreso con crema. Y empieza su relato: “Cuando empecé la universidad conocí a una mujer, muy bonita, morena de ojos claros. Nunca me había atrevido a invitar a una mujer que me gustara, aunque no me creas, era muy tímido. Ella aceptó, la llevé a cine, la primera vez. Luego la invité a comer a un buen restaurante, la tercera cita fue en un mirador que había a las afueras de la ciudad. Yo le dije que me gustaba mucho, y que quería que fuésemos novios”. Yo lo miraba y lo escuchaba, recordaba ese momento pero ya sin ninguna expresión en sus ojos, como si fuese algo que ya había perdido importancia. Había perdido importancia la mujer de la que se enamoró, y había perdido importancia el evento como tal, pero los efectos de eso seguían ahí, lo definieron como persona, como hombre. “Ella se echó a reír, como si le contara un chiste, me dijo que dejara de ser tan iluso, que ella jamás se metería con un muchachito tan ingenuo y tan cursi como yo, que ella solo quería pasar bueno un rato, finalizó diciendo que la llevara a su casa. Eso hice, y no volví a dirigirle la palabra desde ese momento”. Me miró de forma fría, y vi una pregunta en su mirada: “es suficiente? Te basta esta historia?”.
A veces pienso que, detrás de muchos hombres mujeriegos hay una historia parecida a esta, y por eso creo que a veces las mujeres somos las que dañamos a los hombres, luego nos preguntamos por qué los hombres son tan crueles, tan malnacidos con nosotras. A veces podemos echarle la culpa a una mujer anterior. No estoy defendiendo a los hombres perros, pero alguna vez un amigo, muy jocosamente, me dijo: “somos víctimas de las circunstancias”, y en parte lo son. Si conocen a un hombre mujeriego sin una historia así que lo preceda, corran! Porque para ese no hay salvación alguna.
Alonso terminó su historia, y yo seguí mirándolo, con ganas de abrazarlo. Si el fin era despertarme sentimientos por él, lo había logrado. Creo que hay muy pocas mujeres que no hayan querido, alguna vez en su vida, regenerar a un hombre (por no decir que todas lo han querido). Parece que va en los genes, y las causas perdidas son de las que más nos enamoramos. El sentimiento duró como un minuto, después quise darme una cachetada para reaccionar.
“Después de eso, me gustaría haber estudiado psicología, pero como mujer te diría lo siento mucho en nombre de mi género, hay muchas mujeres buenas de corazón que estarían muy dispuestas a sanar esas heridas, solo no te cierres al amor, por más cursi e inocente que eso se oiga”.
“Por qué no te apuntas tú a mi sanación? Desde que te vi no he dejado de pensar en ti, en parte en comerte, pero más que nada, en besarte por todos lados”. Me río internamente por estos pensamientos tan raros que tengo a veces.
Pensaba en esa improbable respuesta, cuando me responde esto: “Aneliz, en realidad, te invité un café porque quería conocerte mejor. En principio, porque ayer me pasaron las hojas de vida de los postulantes al puesto de abogado junior de la empresa, y la que más me llamó la atención fue la tuya. Y después de esta charla, te quiero el lunes a las 8:00 am en la oficina.”
Ahora si me quedé de piedra, ya decía yo que me sonaba su nombre. El presidente de la empresa multinacional a la que apliqué hace una semana. Y lo traté mal anoche, dije varias estupideces desde que llegué aquí, pensé que quería tener sexo conmigo, si aún después de todo esto me quiere contratar, él es tan raro como yo. Espera, dijo “en principio?” eso significa que hay otra razón para invitarme un café. Que mal, ahora no se lo puedo preguntar, es el tipo que me esta dando trabajo y que a partir del lunes será uno de mis jefes, de hecho sería el gran jefe.     
“Así que… no es esa la única razón para invitarme un café”. Internamente estaba que me pegaba un tiro, si tuviera aguja e hilo a la mano, me cosería los labios. Pero en qué estoy pensando? Qué dije, por qué lo dije? Acaso no puedo guardarme mis pensamientos con este tipo? Siempre he sido mala para decir mentiras, pero por lo general soy muy prudente! Después de soltar mi afirmación, mi mano estaba tratando de ocultar mi cara, y mis ojos estaban cerrados.
“No, no es la única razón por la que estás aquí”. Abro mis ojos, aún con la mano en mi cara, y veo que sonríe de oreja a oreja, una sonrisa burlona. “Sabes, me gusta la gente que es honesta, hoy tu te estas pasando”. “Lo sé”, dije bajando mi mano, el mesero con las bebidas las está poniendo en la mesa, yo me inclino para tomar la mía. Mientras tomo un sorbo de mi mocca, él me sigue mirando, no le puedo sostener la mirada.
“Tienes las mejillas rojas”, lo vuelvo a mirar y mantiene su sonrisa y me ve con... ternura? “No me vas a preguntar cuál es la otra razón por la que te invité?” Cierro mis ojos con fuerza, como queriendo borrar ese momento de la conversación. “No, si me quieres decir, dime, si no, olvida que noté tus oscuras intenciones”. Hoy era mi día, me levanté para hacer de payaso de mi futuro jefe. Se echa a reír, una carcajada en realidad, no es estrepitosa, pero creo que me puse aún más roja, porque me sentí caliente la cara. Tragame tierra!
Su carcajada, pasa a ser una sonrisa pícara, casi siniestra, su mirada es un poco perversa y divertida al mismo tiempo: “de mis oscuras intenciones, te enterarás poco a poco, te lo aseguro. Por lo pronto, te diré que hace mucho tiempo que no encontraba tan entretenida y atractiva a una mujer.” Mi expresión era de incredulidad, porque no me creía sus palabras.  “Bueno, me tengo que ir, tengo un almuerzo de negocios”. Ambos nos levantamos, él me besó en la mejilla y su mano en mi cintura. Antes de apartar su cara me dijo, “me encantan tus mejillas”.

“Te responderé cuando recupere mi cordura”, y le sonreí de forma forzada. “Gusto en conocerlo, nos vemos el lunes”. “Nos vemos el lunes” y sonrió de oreja a oreja, de nuevo. Me quedé ahí un rato más, pensando en el asunto. En todo lo que había pasado, en lo que había hecho, y llegué a la conclusión que debo estar en un estado de locura momentánea, pero me niego a creer que sea por él. No es el primer tipo sexy que conozco, aunque puede que sea el primero que me llame la atención. Y por si se lo preguntan, mi ex es lindo y sexy, pero no tanto como Alonso.

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