Corta analogía
Vi a un
insecto, una vez, en un autobús al que me subí. Estaba cerca a una ventana. Tal vez
buscaba su salida de aquel lugar desconocido y poco agradable, pero por más
cerca que estuvo, no lo notó, y al final tomó otro camino. Un camino
mas difícil o mas fácil, no lo sabré. Tal vez encontró su fin en aquel autobús.
Me
pregunto qué siente un insecto cuando no puede hallar la salida de un lugar en
el que no debe estar o en el que no es bueno que este. Quizás es lo mismo que
sentimos nosotros cuando estamos metidos en un problema y no encontramos la
solución. El desespero, la frustración o, incluso, la paciencia ante la espera
de una señal, de una salida. La esperanza. Aunque
se supone que los insectos no tienen esos sentimientos.
Me
pregunto también, si no tuviésemos todos esos sentimientos, estaríamos igual
que aquel insecto y simplemente andaríamos en busca de una salida, sin esperar
nada, solo sabiendo por instinto que no deberíamos estar ahí y aun así vivir
sin más.
Posiblemente
nuestra existencia sea mas llevadera que la de aquel insecto, y no nos damos
cuenta o hacemos más difícil esta vida hasta la locura, con
el fin de saber que estamos vivos.
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